{"id":6681,"date":"2023-06-12T18:33:57","date_gmt":"2023-06-12T18:33:57","guid":{"rendered":"https:\/\/englishreally.org\/?p=6681"},"modified":"2023-06-12T18:34:32","modified_gmt":"2023-06-12T18:34:32","slug":"la-historia-de-hercules","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/englishreally.org\/index.php\/2023\/06\/12\/la-historia-de-hercules\/","title":{"rendered":"La Historia de H\u00e9rcules"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"600\" height=\"338\" src=\"https:\/\/englishreally.org\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/heracles-hercules.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6682\" srcset=\"https:\/\/englishreally.org\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/heracles-hercules.jpg 600w, https:\/\/englishreally.org\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/heracles-hercules-300x169.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda Zeus, el padre omnipotente de los dioses, compadecido ante los males que atormentaban a los infortunados mortales, dijo luego de reflexionar:<br>\u2014Voy a engendrar, para ventura de los hombres y de los dioses, a un h\u00e9roe magn\u00edfico, inigualado. \u00c9l ser\u00e1 el protector de todos frente a los peligros que continuamente los amenazan. Su fuerza excepcional y sus heroicas virtudes<br>ser\u00e1n la salvaguardia del mundo.<br>Dicho esto, descendi\u00f3 Zeus una noche a la ciudad de Tebas. All\u00ed, en magn\u00edfico palacio, habitaba la reina Alcmena, que descollaba entre todas las mujeres f\u00e9rtiles por la belleza de sus ojos y la nobleza de su elevada estatura. Su esposo,<br>el rey Anfitri\u00f3n, se encontraba ausente debido a la guerra. Entonces Zeus, para lograr acercarse a Alcmena sin despertar sospechas, tom\u00f3 los rasgos del propio Anfitri\u00f3n y como tal se present\u00f3 ante el portero de palacio. Los criados, convencidos de que ve\u00edan nuevamente a su amo, acudieron a recibirlo a toda prisa, lo rodearon y sin demora le allanaron el camino hacia las habitaciones de su real esposa. Y en el abrazo de esa misma noche la reina Alcmena concibi\u00f3 del soberano del Olimpo, y sin haberlo reconocido, a quien ser\u00eda el poderoso H\u00e9rcules.Pero desde el instante mismo de su nacimiento, el futuro h\u00e9roe atrajo sobre s\u00ed el odio de Hera, la esposa de Zeus. En efecto, apenas el ni\u00f1o hubo salido de las entra\u00f1as de su madre, la reina de los dioses, aprovechando las tinieblas de una noche especialmente oscura, envi\u00f3 al palacio de Alcmena a dos feroces serpientes. Todo el mundo se hallaba, al igual que el ni\u00f1o, sumido en un profundo sue\u00f1o. Penetraron los reptiles en silencio por la puerta abierta de la habitaci\u00f3n y deslizaron sus formas horribles y sinuosas, a la luz del fuego de sus propios ojos, hasta llegar al escudo que serv\u00eda de cuna al divino infante. Los dos monstruos, silbando, se dispon\u00edan a clavar sus colmillos envenenados en el rostro del ni\u00f1o para luego ahogarlo con sus anillos. Pero este, despert\u00e1ndose de pronto, atrap\u00f3 con sus manos a las dos espantosas serpientes, y con tal fuerza apret\u00f3 las gargantas henchidas de veneno, que las estrangul\u00f3 a ambas a la vez.Esa fue la primera haza\u00f1a de este h\u00e9roe extraordinario. Considerado hijo de Anfitri\u00f3n, crec\u00eda d\u00eda a d\u00eda el v\u00e1stago de Zeus y de Alcmena, gracias a los cuidados amorosos de su madre, como un hermoso \u00e1rbol que se yergue saludable en medio del huerto florido.Tambi\u00e9n Zeus, como un padre cuidadoso, velaba por \u00e9l desde la cumbre del sagrado monte Olimpo. Un d\u00eda el padre de los dioses se propuso otorgarle a este hijo el don de la inmortalidad y el vigor sin l\u00edmite propio de los dioses. Para ello tuvo la idea de obligar a una gran diosa a amamantarlo y con tal fin envi\u00f3 a Hermes, mensajero del Olimpo, a buscar a la criatura. Cuando volvi\u00f3 con ella el dios alado, Zeus tom\u00f3 al ni\u00f1o y lo acerc\u00f3 sigilosamente a los pechos de la propia Hera, que en aquel momento dorm\u00eda. El reci\u00e9n nacido prendi\u00f3 su boca a los blancos pechos de la diosa y mam\u00f3 abundantemente. Una vez saciado, se volvi\u00f3 y sonri\u00f3 a su padre. Pero hab\u00eda sorbido y chupado con tal fuerza, que la leche de Hera continu\u00f3 fluyendo: las blancas gotas que salpicaron la superficie del cielo dieron lugar a la V\u00eda L\u00e1ctea, y las que descendieron hasta la tierra dieron origen a los grandes lirios.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando sus a\u00f1os lo aconsejaron, su madre Alcmena se preocup\u00f3 de proporcionarle una educaci\u00f3n esmerada y completa. Lino, hijo del hermoso Apolo, le ense\u00f1\u00f3 la ciencia de las letras; Eumolpo lo adiestr\u00f3 en el arte de modular la voz y de cantar paseando los dedos por las cuerdas sonoras de la armoniosa lira; Eurito, en fin, le ense\u00f1\u00f3 el arte de tender h\u00e1bilmente el arco y de dar en el blanco con una flecha certera. Pero fue durante tan magn\u00edfica educaci\u00f3n que el poderoso H\u00e9rcules, cuyo \u00e1nimo era intr\u00e9pido y generoso, pero irascible en ocasiones, se hizo por primera vez culpable de una muerte involuntaria. Un d\u00eda Lino, su maestro de letras, decidi\u00f3 poner a prueba la sabidur\u00eda de su joven disc\u00edpulo y lo conmin\u00f3 a escoger, entre un conjunto de vol\u00famenes, aquel libro que prefiriese. H\u00e9rcules era un notable glot\u00f3n desde su nacimiento, un gran comedor \u2014tan voraz llegar\u00eda a ser su apetito que, ya mayor, habr\u00eda de engullir sin arrugarse bueyes enteros\u2014, y por tanto eligi\u00f3 sin demora un tratado cuyo t\u00edtulo era El perfecto cocinero. Irritado por semejante elecci\u00f3n, Lino critic\u00f3 \u00e1cidamente la desmedida voracidad que atormentaba a su disc\u00edpulo y lleg\u00f3 incluso a amenazarlo, alzando su mano por lo que consideraba una conducta grosera e indigna del futuro h\u00e9roe.H\u00e9rcules, sinti\u00e9ndose agredido y creyendo actuar en leg\u00edtima defensa, y presa a la vez de una c\u00f3lera tan s\u00fabita y violenta como incontrolable, tom\u00f3 una c\u00edtara \u2014el primer objeto que vio a mano\u2014 y rompi\u00f3 el instrumento en la cabeza de su maestro, caus\u00e1ndole una muerte instant\u00e1nea. Para castigarlo por semejante crimen, Anfitri\u00f3n envi\u00f3 a H\u00e9rcules a vivir entre los pastores que guardaban sus numerosos reba\u00f1os en lo alto de las monta\u00f1as. All\u00ed, los continuos ejercicios de la caza desarrollaron su cuerpo adolescente y les confirieron a sus flexibles miembros una fuerza a\u00fan m\u00e1s prodigiosa. Es as\u00ed como, con tan s\u00f3lo dieciocho a\u00f1os de edad, H\u00e9rcules mat\u00f3 con sus propias manos a un le\u00f3n que asolaba la comarca.Al volver de su gloriosa cacer\u00eda, H\u00e9rcules se encontr\u00f3 con los heraldos que, procedentes de Orc\u00f3menes, ven\u00edan a reclamar de los tebanos un tributo de cien bueyes, instituido como reparaci\u00f3n por un antiguo delito. Sin vacilar, los atac\u00f3 el hijo de Alcmena. Les cort\u00f3 la nariz y las orejas, les at\u00f3 las manos a la espalda y los envi\u00f3 de vuelta a su pa\u00eds, no sin antes decirles que ese era el pago del tributo. Ergino, rey de Orc\u00f3menes, al enterarse de lo sucedido, arm\u00f3 un ej\u00e9rcito y march\u00f3 contra Tebas. Pero H\u00e9rcules, vistiendo la armadura que le regalara la diosa Atenea, se puso a la cabeza del ardoroso grupo de guerreros tebanos y, desviando el curso de un r\u00edo, ahog\u00f3 en una llanura a la caballer\u00eda enemiga, y luego persigui\u00f3 a Ergino hasta matarlo a flechazos.<\/p>\n\n\n\n<h4>LOS DOCE TRABAJOS<\/h4>\n\n\n\n<p>Para recompensar al autor de tan importante victoria, el rey de Tebas concedi\u00f3 al h\u00e9roe la mano de su propia hija, Megara. De esta uni\u00f3n nacieron muchos hijos, pero todos habr\u00edan de morir antes de tiempo, a manos de su propio padre. En efecto, en un acceso de locura, el desdichado H\u00e9rcules mat\u00f3 a sus propios hijos, juntamente con la madre, asaete\u00e1ndolos sin piedad con sus ya c\u00e9lebres flechas. Tras haberse manchado con la sangre de sus hijos, H\u00e9rcules se arrepinti\u00f3 amargamente del crimen y march\u00f3 a Delfos para consultar al or\u00e1culo de Apolo de qu\u00e9 manera le ser\u00eda posible purificarse de tan horrendo delito. El or\u00e1culo le orden\u00f3 que se dirigiera a la ciudad de Tirinto y all\u00ed se sometiera durante doce a\u00f1os al servicio del rey Euristeo. H\u00e9rcules obedeci\u00f3.Pero cuando Euristeo, un pr\u00edncipe d\u00e9bil y pusil\u00e1nime, vio frente a s\u00ed a ese h\u00e9roe magn\u00edfico, tembl\u00f3 ante la sola idea de que un d\u00eda el valeroso semidi\u00f3s le arrebatara el trono. Para deshacerse de tan importuno advenedizo, y con la secreta esperanza de que H\u00e9rcules no tardar\u00eda en sucumbir, Euristeo impuso al intr\u00e9pido hijo de Alcmena, una tras otra, las tareas m\u00e1s dif\u00edciles que se pudiera concebir. Pero H\u00e9rcules sali\u00f3 vencedor de todas las pruebas, y las altas gestas que llev\u00f3 a cabo en aquel per\u00edodo \u2014y que narramos a continuaci\u00f3n\u2014 son lo que se ha llamado los \u201cDoce trabajos de H\u00e9rcules\u201d:Antes que nada, Euristeo solicit\u00f3 al h\u00e9roe que le trajese la piel del le\u00f3n de Nemea. Esta terrible fiera causaba espanto entre los habitantes de los bosques y valles de la Arg\u00f3lide. Tan estruendosos eran sus rugidos que, cuando llegaban a o\u00eddos de los labriegos y pastores, \u00e9stos se encerraban en sus casas y se agazapaban, p\u00e1lidos de terror, en los rincones m\u00e1s ocultos. Pero H\u00e9rcules, asi\u00f3 con una mano el arco y el carcaj repleto de flechas, y con la otra blandi\u00f3 la nudosa maza y, sin vacilaci\u00f3n, fue al encuentro de aquel temible devorador de reba\u00f1os.Apenas lo vio, dispar\u00f3 contra \u00e9l, una tras otra, todas sus flechas mortales. Pero el enorme animal parec\u00eda invulnerable, pues su piel era tan dura que el agudo hierro no le hac\u00eda apenas un rasgu\u00f1o, y las flechas ca\u00edan blandamente sobre la hierba, o bien rebotaban en el duro suelo. Furioso ante el fracaso de su primer ataque, H\u00e9rcules agit\u00f3 su pesada maza y, dando un alarido, se fue en persecuci\u00f3n de la fiera. El le\u00f3n, atemorizado, se refugi\u00f3 en una caverna que ten\u00eda dos entradas. El hijo de Alcmena tap\u00f3 una y penetr\u00f3 por la otra.<\/p>\n\n\n\n<p>El monstruo entonces, con la melena erizada y rugientes las fauces, se aprest\u00f3 al asalto. H\u00e9rcules, envuelto en su rojo manto, se defendi\u00f3 disparando con una mano su flecha m\u00e1s filosa y, levantando con la otra la terrible maza, la descarg\u00f3 contra el bronc\u00edneo cr\u00e1neo de la indomable fiera.Fue tan violento el golpe que la maza se parti\u00f3 en dos pedazos. El le\u00f3n, aturdido, se tambaleaba. Tirando entonces las armas a un lado, H\u00e9rcules se enzarz\u00f3 en una peligrosa lucha cuerpo a cuerpo con la fiera. Con sus musculosos brazos enlaz\u00f3 el cuello del le\u00f3n, apret\u00e1ndolo con tal fuerza contra su amplio pecho que logr\u00f3 arrancarle la vida. Cuando lo hubo ahogado, H\u00e9rcules desoll\u00f3 al animal y se cubri\u00f3 con su piel leonada, como una coraza impenetrable al bronce y al hierro.El segundo trabajo impuesto a H\u00e9rcules por el asombrado Euristeo consisti\u00f3 en matar a la hidra de Lerna. Este enorme drag\u00f3n, cuyo cuerpo de reptil ostentaba nueve incansables cabezas, moraba en la fangosa y emponzo\u00f1ada laguna de Lerna. Cada vez que sal\u00eda de su madriguera, la hidra devastaba la campi\u00f1a y devoraba las reses. Su repugnante aliento estaba envenenado y cualquiera que tuviese la desgracia de respirarlo no tardaba en morir.En la lucha contra este azote de la campi\u00f1a de Argos, H\u00e9rcules cont\u00f3 con la ayuda de su fiel compa\u00f1ero Yolao. Este fue el auriga que en esta expedici\u00f3n condujo con mano segura el carro del h\u00e9roe. Llegados ambos a las m\u00e1rgenes de la laguna de Lerna, H\u00e9rcules dispar\u00f3 entre los ca\u00f1averales una nube de flechas, con el prop\u00f3sito de obligar a la hidra a salir de su guarida. Luego, cuando por fin el monstruo se dej\u00f3 ver, erguidas todas sus sibilantes cabezas, el h\u00e9roe se aproxim\u00f3 y a mazazos intent\u00f3 aplastarlas; pero de la sangre de cada cabeza magullada renac\u00edan otras dos, y de ese modo la lucha se hac\u00eda interminable. Entonces, H\u00e9rcules apel\u00f3 a Yolao. Este celoso servidor prendi\u00f3 enseguida fuego a un bosque conti\u00acguo y, arm\u00e1ndose de teas, fue quemando cada una de las cabezas que renac\u00edan, impidiendo as\u00ed que se desarrollaran. Cuando ya la hidra no tuvo m\u00e1s que una sola cabeza, H\u00e9rcules la cort\u00f3 de un solo mandoble de su espada y la sepult\u00f3 bajo un pe\u00f1asco. El monstruo no era ya sino un inmenso cad\u00e1ver. Antes de marcharse, el hijo de Alcmena empap\u00f3 sus flechas en la ponzo\u00f1osa sangre de la terrible bestia, y as\u00ed dispuso de ah\u00ed en adelante de flechas envenenadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Euristeo orden\u00f3 enseguida a H\u00e9rcules que le trajese viva a la cierva del monte Gerineo. Esta prodigiosa cierva, consagrada a la diosa Artemisa, ten\u00eda cuernos de oro y pies de bronce. Nadie hab\u00eda podido jam\u00e1s alcanzarla, por ser infatigable y veloc\u00edsima en la carrera. H\u00e9rcules tuvo que perseguirla durante un a\u00f1o entero. Arrastrando al cazador tras ella, la cierva lleg\u00f3 de una sola vez hasta la comarca de los Hiperb\u00f3reos. All\u00ed el animal, fatigado, volvi\u00f3 sobre sus pasos y anduvo en sentido inverso el camino antes recorrido. En un momento de su carrera, titube\u00f3 la cierva ante un r\u00edo crecido por las lluvias, sin decidirse a vadearlo. H\u00e9rcules gan\u00f3 terreno entonces y se abalanz\u00f3 sobre ella. Cogi\u00e9ndola por los cuernos, se la carg\u00f3 viva a la espalda y volvi\u00f3 a Tirinto para entregarla a Euristeo.Apenas hubo regresado H\u00e9rcules al palacio de su se\u00f1or, recibi\u00f3 la orden de ir esta vez al encuentro del jabal\u00ed de Erimanto. Deb\u00eda capturar y traer viva tambi\u00e9n a esta terrible alima\u00f1a, que s\u00f3lo abandonaba su cubil para sembrar la ruina y la desolaci\u00f3n en los hermosos campos de la id\u00edlica comarca de Arcadia. El h\u00e9roe se puso en camino, armado, como de costumbre, con su maza y sus flechas. Tras dar una batida por toda la maleza y habiendo escrutado innumerables sotos donde pod\u00eda merodear el jabal\u00ed, H\u00e9rcules lleg\u00f3 a descubrir al salvaje animal. Le dio entonces despiadada cacer\u00eda, persigui\u00e9ndolo sin descanso por altas monta\u00f1as cubiertas de nieve, hasta cansarlo y obligarlo, por fin exhausto, a guarecerse, jadeante, en un estrecho desfiladero sin salida. H\u00e9rcules dio muerte al jabal\u00ed y volvi\u00f3, tray\u00e9ndolo sobre su robusta espalda.En las m\u00e1rgenes de un lago llamado Estinfalo, en medio de una marisma cubierta de zarzales y maleza, viv\u00edan unos p\u00e1jaros monstruosos que, temidos por los mismos lobos, se alimentaban de carne humana. Estos hijos de Ares, el dios feroz de la guerra, ten\u00edan el pico, las garras y las alas de dur\u00edsimo bronce. Sus plumas eran como dardos de acero y les serv\u00edan para matar a los caminantes desprevenidos, para luego devorar sus restos. H\u00e9rcules tom\u00f3 sobre s\u00ed la misi\u00f3n de ahuyentar de aquellos marjales a esa bandada voraz que, adem\u00e1s de aniquilar a hombres y reba\u00f1os, devastaba los jardines y ensuciaba las cosechas. Para obligarlos a abandonar su inexpugnable refugio, el h\u00e9roe magn\u00edfico utiliz\u00f3 el sonido ensordecedor de sus c\u00edmbalos. Apostado en una monta\u00f1a contigua, arm\u00f3 con estos instrumentos tal estr\u00e9pito que los p\u00e1jaros salieron volando y pudo as\u00ed el h\u00e1bil y valeroso arquero abatirlos y exterminarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>El sexto trabajo que Euristeo asign\u00f3 al valeroso hijo de Alcmena fue la lucha contra el toro de Creta. H\u00e9rcules no deb\u00eda matarlo, sino acosarlo, atraparlo y llevarlo vivo a Micenas. Minos, rey de Creta, hab\u00eda prometido un d\u00eda consagrar al dios de los mares, Poseid\u00f3n, lo que este mismo dios hiciera surgir de las olas. Poseid\u00f3n hizo emerger un toro tan bello que Minos, neg\u00e1ndose a sacrificarlo, crey\u00f3 cumplir su voto eligiendo en sustituci\u00f3n otra v\u00edctima de menos valor. Irritado Poseid\u00f3n por semejante deslealtad, enfureci\u00f3 al animal, con lo que \u00e9ste lleg\u00f3 a convertirse en el verdadero terror del pa\u00eds.H\u00e9rcules, cumpliendo las \u00f3rdenes de su amo, desembarc\u00f3 en Creta. En cuanto vio al toro, se arroj\u00f3 sobre \u00e9l, lo tom\u00f3 por los cuernos y lo oblig\u00f3 a doblar los corvejones y luego, sujet\u00e1ndolo con una fuerte red, se lo ech\u00f3 a la espalda y lo llev\u00f3 a trav\u00e9s del mar hasta depositarlo a los pies de Euristeo.A continuaci\u00f3n, Euristeo le impuso a H\u00e9rcules la repugnante tarea de limpiar en un solo d\u00eda los establos de Aug\u00edas, rey de la \u00c9lide. Este pr\u00edncipe pose\u00eda innumerables reba\u00f1os. Treinta a\u00f1os hac\u00eda que no se limpiaban sus establos, en los que se aglomeraban m\u00e1s de tres mil bueyes, y as\u00ed se extend\u00eda por los alrededores el nauseabundo olor del esti\u00e9rcol all\u00ed amontonado. Para llevar a cabo esta tarea, H\u00e9rcules abri\u00f3 un boquete en el muro del establo, desvi\u00f3 luego el curso del r\u00edo Alfeo e hizo pasar el torrente de sus ondas alborotadas y cristalinas a trav\u00e9s de las cuadras, arrastrando la suciedad.Diomedes, hijo del cruel Ares, reinaba sobre un pueblo de salvajes. Pose\u00eda un reba\u00f1o de yeguas que vomitaban fuego y llamas por las fauces, y a las cuales daba como pasto a los desdichados extranjeros que la tempestad arrojaba como n\u00e1ufragos a sus playas. H\u00e9rcules, encargado por Euristeo de llevar esas yeguas a Micenas, se embarc\u00f3 con algunos amigos, arrib\u00f3 a Tracia y se encamin\u00f3 a las cuadras de Diomedes. All\u00ed, luego de derribar a los criados que cuidaban de la caballeriza, el hijo de Alcmena cogi\u00f3 a Diomedes y lo ech\u00f3 en los pesebres de bronce para que sirviera de alimento a sus propias yeguas carn\u00edvoras, suplicio igual al que hiciera sufrir a tantos numerosos n\u00e1ufragos. En cuanto devoraron las carnes de su amo, H\u00e9rcules desat\u00f3 a los caballos y los condujo al palacio de Euristeo.<\/p>\n\n\n\n<p>Admeta, la hija de Euristeo, codiciaba el magn\u00edfico y soberbio cintur\u00f3n que pose\u00eda Hip\u00f3lita, la reina de las amazonas. Estas eran mujeres guerreras que combat\u00edan a caballo, disparando el arco o blandiendo un hacha, y que viv\u00edan, seg\u00fan se dice, en las lejanas costas del mar Negro, constituyendo un pueblo sin hombres. El pr\u00edncipe, para complacer a su hija, encarg\u00f3 a H\u00e9rcules que fuese a buscarlo. Cuando el h\u00e9roe, con numerosa compa\u00f1\u00eda, lleg\u00f3 al pa\u00eds de las amazonas, Hip\u00f3lita, su hermosa reina, lo recibi\u00f3 al principio muy bondadosamente y prometi\u00f3 entregarle su cintur\u00f3n. Pero la eterna enemiga de H\u00e9rcules, Hera, la diosa del trono de oro, se disfraz\u00f3 de amazona y suscit\u00f3 la indignaci\u00f3n de aquellas v\u00edrgenes guerreras, dici\u00e9ndoles que H\u00e9rcules ven\u00eda con la misi\u00f3n de secuestrar a su amada reina. Una lucha terrible se desat\u00f3 en contra del visitante y un gran n\u00famero de amazonas hall\u00f3 la muerte en la refriega. La propia reina muri\u00f3 a manos de H\u00e9rcules y el h\u00e9roe pudo as\u00ed quitarle sin dificultades el precioso cintur\u00f3n para ofrec\u00e9rselo a Admeta, la hija de su desp\u00f3tico se\u00f1or.Como d\u00e9cima prueba, Euristeo exigi\u00f3 que H\u00e9rcules le trajese los toros rojos de Geri\u00f3n. Este gigante colosal, cuyos enormes flancos se ramificaban en tres cuerpos, habitaba en una isla del remoto Occidente y era due\u00f1o de un reba\u00f1o de toros rojos, que custodiaban un monstruoso boyero y un perro de tres cabezas. Para obedecer la nueva orden, H\u00e9rcules parti\u00f3 hacia la regi\u00f3n donde el sol se pone, bordeando la costa africana. Lleg\u00f3 al estrecho que separa a Europa de \u00c1frica y erigi\u00f3 all\u00ed dos columnas, una en el extremo de cada continente, para conmemorar su paso. Se las llam\u00f3 despu\u00e9s las Columnas de H\u00e9rcules.Como el Sol, demasiado ardiente, molestaba a H\u00e9rcules, el h\u00e9roe tendi\u00f3 su arco y dispar\u00f3 contra \u00e9l dos flechas. Asombrado el Sol ante esta audacia, se dispuso a apaciguar al valiente hijo de Alcmena. Para facilitarle la continuaci\u00f3n de su viaje, le prest\u00f3 la amplia copa de oro que, cuando \u00e9l desciende del cielo, lo transporta a trav\u00e9s del oc\u00e9ano y de la noche hasta la ribera desde donde remonta otra vez al cielo para comenzar de nuevo a iluminar al mundo. H\u00e9rcules se embarc\u00f3 en esta copa y lleg\u00f3 sin dificultad al t\u00e9rmino de su viaje. Ya en tierra, el hijo de Alcmena pas\u00f3 la noche en la cima de una monta\u00f1a para acechar el apetecido ganado, pero el perro vigilante que defend\u00eda a los rojos toros lo olfate\u00f3 y, ladrando, se abalanz\u00f3 contra \u00e9l para devorarlo. El h\u00e9roe lo mat\u00f3 de un mazazo. El boyero, que acudi\u00f3 de inmediato, sufri\u00f3 la misma suerte. En fin, despu\u00e9s de rematar a flechazos al formidable Geri\u00f3n, H\u00e9rcules volvi\u00f3 a embarcarse, con todo el reba\u00f1o, en la amplia copa que sirve de nav\u00edo al Sol.<\/p>\n\n\n\n<p>Para llegar a su punto de partida, H\u00e9rcules atraves\u00f3 m\u00faltiples comarcas. Cuando lleg\u00f3 a orillas del R\u00f3dano, se vio atacado por los habitantes que poblaban aquellas riberas, envidiosos de la belleza de sus bueyes. Fueron all\u00ed tan resueltos y numerosos sus enemigos, que el h\u00e9roe tuvo necesidad de agotar las flechas de su aljaba y fue incluso herido gravemente, vi\u00e9ndose en una situaci\u00f3n muy apurada. Implor\u00f3 entonces el socorro de su padre y Zeus hizo llover sobre los agresores de su hijo una granizada de piedras. Desde ese d\u00eda, la vasta planicie qued\u00f3 cubierta de pedruscos y se afirma que es ese el origen de los guijarros de la Crau.Abandonando la Galia, H\u00e9rcules atraves\u00f3 Italia, Iliria y Tracia. Pero cuando ya cre\u00eda haber alcanzado el fin de sus penurias, un t\u00e1bano enviado por Hera enloqueci\u00f3 al ganado rojo y lo dispers\u00f3 por las altas monta\u00f1as. El hijo de Alcmena logr\u00f3 trabajosamente reunir la mayor parte, pero aquellos toros que no pudo recuperar y llevar a Micenas permanecieron en los bosques y se hicieron salvajes.No bien regres\u00f3 H\u00e9rcules de tan peligrosa expedici\u00f3n, recibi\u00f3 de nuevo el encargo de dirigirse hacia los parajes contiguos al punto donde desaparece el sol. Esta vez deb\u00eda coger, para traerlas a Micenas, las manzanas de oro del jard\u00edn de las hesp\u00e9rides. Eran \u00e9stas hijas de la estrella de la tarde y habitaban, en efecto, un parque maravilloso, cuyos \u00e1rboles estaban en todas las estaciones cargados de frutos dorados. D\u00f3cil al mandato recibido, H\u00e9rcules tom\u00f3 una vez m\u00e1s el camino de Occidente, pero no sab\u00eda d\u00f3nde encontrar la misteriosa morada de las hijas de la tarde. Despu\u00e9s de vagar por un largo tiempo, lleg\u00f3 cierto d\u00eda a las m\u00e1rgenes del Er\u00eddano.All\u00ed, unas graciosas ninfas le aconsejaron que fuese a ver a Nereo, el viejo profeta de los mares, conocedor de tales secretos. H\u00e9rcules atendi\u00f3 al consejo y, cuando encontr\u00f3 a Nereo dormido en la margen de las aguas, lo encaden\u00f3 y lo forz\u00f3 a revelarle el refugio en que se ocultaban las bellas hesp\u00e9rides. Para espantar a H\u00e9rcules, Nereo se transform\u00f3 sucesivamente en le\u00f3n, en serpiente, en llamas, pero nada logr\u00f3 amedrentar al h\u00e9roe. El hijo de Alcmena no solt\u00f3 su presa sin antes tener la causa ganada. Cuando ya supo adonde ten\u00eda que dirigirse, pas\u00f3 a \u00c1frica, lleg\u00f3 hasta los confines del mundo occidental y logr\u00f3 ver las \u00e1ureas puertas del jard\u00edn afortunado. All\u00ed, no lejos de las armoniosas hesp\u00e9rides, desterrado por dura ley en la extremidad de la tierra, un formidable gigante llamado Atlas sostiene sobre su cabeza y con sus manos infatigables la b\u00f3veda inmensa del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien: puesto que un drag\u00f3n de color encendido guardaba la entrada del parque y a nadie permit\u00eda franquear las temibles puertas, H\u00e9rcules pregunt\u00f3 a Atlas c\u00f3mo podr\u00eda apoderarse de las manzanas doradas. El sostenedor del cielo se ofreci\u00f3 a ir \u00e9l mismo a recogerlas, siempre que durante ese tiempo el h\u00e9roe se aviniese a aguantar sobre su s\u00f3lida espalda el peso y el equilibrio del firmamento. El hijo de Alcmena acept\u00f3 y, mientras Atlas se ocupaba de arrancar de los manzanos los frutos dorados, H\u00e9rcules sostuvo sobre s\u00ed todo el peso de la b\u00f3veda celeste. Al volver el gigante, manifest\u00f3 que deseaba llevar personalmente el preciado bot\u00edn a Micenas. H\u00e9rcules fingi\u00f3 estar de acuerdo con la idea del p\u00e9rfido Atlas.\u2014Me parece muy bien que t\u00fa lleves personalmente a Euristeo las manzanas de oro. Pero antes de partir sujeta de nuevo un momento el cielo sobre tus hombros, pues yo tengo que hacerme un rodete que proteja mi cabeza y amortig\u00fce el peso de tan enorme carga.Atlas, confiando, cay\u00f3 en la trampa y se ech\u00f3 de nuevo el cielo sobre sus hombros. H\u00e9rcules, ya libre, tom\u00f3 las manzanas y se las llev\u00f3 sin perder m\u00e1s tiempo a su amo Euristeo.Por fin, y como \u00faltima prueba, Euristeo orden\u00f3 a H\u00e9rcules que bajara a los infiernos y le trajera a Cerbero, el can que montaba guardia en las puertas subterr\u00e1neas. Descendi\u00f3, pues, acompa\u00f1ado de Hermes, al abismo donde habitan los muertos. Atraves\u00f3 grandes r\u00edos de fuego y torrentes de cieno. Luego, cuando lleg\u00f3 a los pies del inflexible Hades, expuso al soberano de los infiernos el prop\u00f3sito de su viaje. Hades le permiti\u00f3 subir al feroz perro Cerbero a la luz del d\u00eda, pero con la condici\u00f3n de adue\u00f1arse del terrible guardi\u00e1n sin utilizar arma alguna. El Cerbero era un perro con tres cabezas, cuyos flancos se estrechaban hasta formar una cola de drag\u00f3n. Su voz, similar a la del sonoro bronce, estremec\u00eda a todo aqu\u00e9l que osara aproxim\u00e1rsele. H\u00e9rcules, desprovisto de armas y vestido tan s\u00f3lo con su piel de le\u00f3n a modo de coraza, se present\u00f3 ante el monstruo. Este lo recibi\u00f3 dando pavorosos aullidos y abriendo sus horribles fauces. El h\u00e9roe lo agarr\u00f3 por el cuello, precisamente por el punto donde nac\u00edan las tres cabezas y, aunque sufri\u00f3 en los brazos sus mordeduras, lo apret\u00f3 tan fuertemente que el perro, sinti\u00e9ndose ahogado, se resign\u00f3 a seguirlo. H\u00e9rcules entonces encaden\u00f3 al feroz animal, lo sac\u00f3 del abismo y fue a mostr\u00e1rselo a su amo Euristeo. Aterrorizado, el pr\u00edncipe orden\u00f3 que aquel monstruo de espantosos e incesantes ladridos fuese devuelto sin tardanza a las sombras del infierno.Despu\u00e9s de haber empleado ocho a\u00f1os y un mes en la ejecuci\u00f3n de los doce trabajos que le impuso Euristeo, H\u00e9rcules fue liberado de aquella servidumbre. Entonces este ilustre guerrero se lanz\u00f3 de nuevo a recorrer el mundo, no para combatir a monstruos esta vez, sino para luchar contra la injusticia de los hombres. Por donde iba castigaba a los bandidos y prestaba el apoyo generoso y siempre triunfante de su brazo a los pueblos humillados por la maldad de sus vecinos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Fuente: Centro de Estudios P\u00fablicos\/ Colecci\u00f3n Cuento contigo. Tomo III.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un d\u00eda Zeus, el padre omnipotente de los dioses, compadecido ante los males que atormentaban a los infortunados mortales, dijo luego de reflexionar:\u2014Voy a engendrar, para ventura de los hombres y de los dioses, a un h\u00e9roe magn\u00edfico, inigualado. \u00c9l ser\u00e1 el protector de todos frente a los peligros que continuamente los amenazan. 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